«(Si) hay algo por lo que vale la pena vivir, es por contemplar la belleza»
Platón

El concepto de la belleza instaurado por Platón, era inseparable de otros dos: el bien y la verdad. Lo bello no podía serlo si no era, además, cierto y bueno, y la cosa más hermosa de todas, para él, era la sabiduría.

Hace tiempo que otros filósofos nos llevaron a separar la belleza del bien y de la verdad, y se supone que hoy por hoy, en general aceptamos sin conflicto que algo bueno no tiene por qué ser cierto, o que algo cierto no tiene por qué ser bello. Aunque ahora podemos admirar una belleza múltiple, ubicua y común, en lo profundo de nosotros, sentimos, que alguien malvado o falaz no es bello… o por lo menos no debería serlo.

Hay casos especiales aún después de tipos como Kant. Por ejemplo, creo que cuando hablamos de “belleza interior” estamos hablando, de alguna manera, desde la idea de Platón. La belleza interior siempre incluye al bien y a la verdad. Nunca diríamos que alguien perverso y tramposo es bello por dentro y no tardamos en encontrar lo hermoso que es, también por fuera, alguien honesto y lleno de bondad, alguien que, de cierta manera, es sabio.

Tu belleza, Celsa, está en lo profundo de tu alma profunda, y de ahí se refleja en el brillo de tus ojos, en la franqueza de tu sonrisa, en la soltura de tus gestos, en la armonía de tu rostro y en cada cosa que haces, por simple que parezca.

Gracias.

Fotografías realizadas en colaboración con la fotógrafa Carmen Santos.